Un día, un chico creó un blog. Lo hizo sin pretensiones de grandeza, en uno de los sistemas de blogs más usados pero más desprestigiados a la vez, con una única idea en la cabeza: compartir con aquellos que lo quisieran leer todo lo que se le pasara por la cabeza.
El chico crecía, y su blog cambiaba con él. Varios diseños, proyectos que no se habían de cumplir, entradas poco preparadas pero también muy meditadas... de todo. Estaba muy contento de todo lo que hacía en su pequeño rincón cibernético.
Pero un día el chico se dio cuenta de que él había crecido, pero que su blog se había quedado en una etapa anterior. No le gustaba ver esos proyectos a medio publicar, tantas ideas sin término conviviendo con entradas que consideraba de gran utilidad. Y pensó en abandonarlo. Finalmente no lo hizo, en vez de ello lo transformó. Reescribió entradas que no le gustaban, manteniendo cierta continuidad, y haciendo de nuevo que su blog fuera algo de lo que él estuviera contento.
Hoy, cuatro años después de que ese chico creara su blog, se encuentra escribiendo unas líneas muy orgulloso de su pequeño espacio, y de los lectores que en él comentan, lectores fieles y no tan fieles que siempre o casi siempre están dispuesto a dar una opinión.
Lo único que tiene claro mientras escribe es que mantener algo durante cuatro años requiere una cosa muy importante: constancia. La constancia que da tener un lugar en el que reflejar sus pensamientos y unas personas que le leerán.
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Un año más, muchísimas gracias a todos por leer Gadius Empire. Ya van cuatro años, y sigo dispuesto a seguir escribiendo. Espero que vosotros sigáis dispuestos a leerme.
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