lunes, 28 de abril de 2008

Vida real, III

Capítulo 5


-Quisiera ver al Capitán General, por favor.
Me he levantado muy temprano hoy, para asegurarme de que encontraba gente en el cuartel. Lo he hecho también porque está bastante lejos de mi casa, en la ciudad. El rostro del soldado que vigila en la puerta ha cambiado al ver mi documentación de militar. ¿A qué viene ese gesto?
-No es posible.
Insistí, pero el soldado no quiso dejarme entrar. Pregunté también por el sargento de mi división, y la respuesta que recibí fue la misma, pero algo más extensa: en esta ocasión me ha especificado que está en algún tipo de contienda. Le dije que si esa contienda tenía que ver con Poseidón, esa criatura marina que amenaza a todo el planeta.
-No estoy autorizado a dar esa información.
-¡Pero por favor! ¡Que no soy ningún cualquiera, fui militar! ¡Soldado, cuéntame lo que sepas sobre esa criatura!
-Le repito, señor, que no estoy autorizado a darle esa información. Si me disculpa, quiero seguir con mi guardia.
¿No está autorizado a darme esa información? Eso no fue lo primero que dijo. A pesar de mi frustración, se perfectamente que el soldado no va a ceder en su encomienda por mucho que yo insista. Si la misión de éste era no dar información ni dejar entrar, yo no iba a ser quien le hiciera cambiar de idea.
Ante mi fallido intento de obtener información en el cuartel, y teniendo en cuenta el hecho de que ya estaba en la ciudad, decidí dar un paseo. Quizá pare en algún bar a desayunar. Es extraño... hace unos meses que no paseo en la ciudad. Desde que... Ya, es suficiente. Si mi mujer lleva todos estos meses encima de mí para que no saliera, será porque quería que estuviera con ella más de dos semanas seguidas. Ella solo busca lo mejor para mí. Ahora que me doy cuenta... Amanda esta mañana ni se ha levantado ni me ha dicho nada al sentir que yo dejaba la cama. La conozco bien, tiene el sueño muy ligero. Se hacía la dormida. Pero en ese momento me vino bien, quería salir. ¿Tanto le afectó que sacara el tema de mi cesión que se ha enfadado conmigo?


*****


Capítulo 6


-Vaya, vaya... Mira a quién tenemos aquí, ¡si es el engendro!
Reconozco esa voz. Está detrás de mi. Qué oportuno, acabo de salir del bar, he desayunado, me he relajado, y tiene que venir precisamente ahora a volver a perturbarme... ¿Con ese “mira” quiere decir que está acompañado...? Solo por el tono se nota que está bebido, más que cuando lo vi en el callejón.
-¿Qué tal, hermano?
-¡No me llames así! -En ese momento salió corriendo hacia mí y me empujó violentamente, haciendo que quedara entre la pared y él. Está solo.
-¿Quieres explicarme de una maldita vez qué tienes en contra mía de la noche a la mañana? -le digo ya cansado de esta absurda situación inexplicable, enfadado, quiero saber qué demonios ocurre conmigo y mi pasado, y lo quiero saber cuanto antes mejor. ¿Por qué todo se tuerce cuando aparece él? Primero en mi casa, me llama y me perturba. Luego en el callejón, se ríe y me perturba aún más. Y ahora esto, salgo del bar y me empuja. Definitivamente no entiendo nada, cada vez me sorprende más, cada vez estoy menos seguro de mí mismo.
-Yo no voy a explicarte nada. Es más, no merece la pena ni que gaste mi tiempo en darte una paliza. -Me ha soltado. Estoy muy enfadado, más por cada segundo que pasa. Quiero saber qué pasa conmigo y lo quiero saber ya.
-Pero sí lo gastas en beber, ¿no, borracho?
No recuerdo haber visto la expresión de mi hermano con tanta rabia cuando se volvió y me propinó un golpe en la cara tras oír esto.


*****


Capítulo 7


-¡Ah! ¡Ten más cuidado, mujer!
Qué brusca es Amanda a veces cuando le pido que me cure algún golpe. Sobre todo cuando piensa que yo he sido el responsable. A pesar de todo, siempre viene corriendo hacia mí y me pregunta.
-Eso te pasa por meterte en peleas innecesarias.
-Sabes que yo nunca empiezo una pelea...
-Pues esta vez bien que has provocado a tu hermano.
Tras un incómodo silencio sin saber qué decir, mi mujer terminó de curarme, cambió su gesto y me dijo, muy seria:
-He estado pensando en lo que me dijiste la otra noche. -¿por qué saca ella el tema esta vez? ¿No se supone que no le gusta hablar de ello? ¿O es que acaso tiene algo importante que decirme que me ha ocultado hasta ahora?- Creo que tengo algo que enseñarte...
Muy lentamente, se dirige a un mueble. Abrió un cajón y cogió una carta, sin abrir, con el sello de las altas esferas del ejército. Mi corazón latía muy rápido al verla, ¿qué contendrá esa carta?, ¿cuándo se la entregaron a mi mujer? ¿por qué yo no sé nada sobre la existencia de esa carta? Me da miedo leerla... Mi mujer se aproxima lentamente a mí, con gesto asustado, se está poniendo pálida y parece que va a empezar a llorar de un momento a otro. ¿Tan duro es el contenido de la carta que se tiene que poner así...? No, no puede ser, si la carta no está ni siquiera abierta... ¿Qué misterio contendrá ese sobre en su interior que hace que mi mujer se ponga de esa manera?
-Sé que este tema te está perturbando mucho, y... bueno... -le tiembla la voz- Creo que debes ver lo que dice esta carta... Yo no la he abierto, me da miedo... Me la dieron en el momento en el que me comunicaron que ya no era necesario que volvieras al ejército, que podías quedarte en casa, conmigo... y me dijeron “si algún día quieres saber la verdad, ábrela”, y... no sé si quiero saberlo...
Mi corazón cada vez late más rápido, parece que se me vaya a salir del pecho. Si esa carta es de cuando dejé de estar en activo, entonces se la entregaron después de mi última misión... ¿Qué podrá decir...? Agarro la carta, con una mano temblorosa, como la mano de mi mujer. A mi también me da miedo abrir la carta, pero... son muchas cosas. Bueno, en realidad no son tantas, pero son muy importantes para mí. Mi mujer se entristece, mi hermano dejó de hablarme, el ejército parece no querer saber nada de mí, y por algún motivo tengo la impresión de que todo está relacionado con esa criatura, Poseidón. Solo tengo dos opciones: no abrir la carta, olvidar el asunto y seguir viviendo como los últimos meses, o abrir la carta y enterarme de algo que quizá cambie mi vida. Pero llegados a este punto, si hago lo primero seguiré perturbándome, y sabiendo que existe esta carta acabaré abriéndola. Por eso, mejor abrirla ya, y acabar de una vez con este sentimiento, aunque posiblemente aparezcan nuevos...
-Sabes que si la abres nuestras vidas pueden cambiar completamente, ¿verdad?
-Sí...
-Sabes que yo no quiero que eso pase, ¿verdad? -Ya no pudo contenerse más. Empezó a llorar desconsoladamente, se puso las manos en la cara y salió corriendo de la sala. Como acto reflejo, corrí detrás de ella, pero... quizá sea mejor que lea yo sólo el contenido de la carta. Allá voy...



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